Chile y la inteligencia artificial: el ecosistema que se está consolidando

En los últimos años, diversos actores públicos y privados han comenzado a posicionar a Chile como un país con capacidades crecientes en el desarrollo y la aplicación ética de la inteligencia artificial. Desde centros de investigación hasta laboratorios culturales, el ecosistema nacional se articula con una mirada colaborativa, crítica y tecnocreativa.
CENIA: Investigación de excelencia con vocación pública
El Centro Nacional de Inteligencia Artificial (CENIA) fue creado en 2021 con financiamiento de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID). Actualmente, reúne a más de 150 personas —entre investigadores, gestores y expertos— provenientes de más de 15 universidades chilenas. Las instituciones fundadoras son la Universidad Católica, Universidad de Chile, Universidad Adolfo Ibáñez y la Universidad Técnica Federico Santa María.
CENIA busca posicionar a Chile como un referente latinoamericano en inteligencia artificial, a través de investigación científica de alto nivel, transferencia tecnológica y una activa vinculación con la sociedad. Desde proyectos con impacto social hasta programas de divulgación, el centro promueve un desarrollo ético, inclusivo y sustentable de la IA.
THEODORA: Deep tech para ver lo invisible
Theodora es una startup que combina inteligencia artificial y análisis crítico para detectar, mitigar y medir sesgos en comunicaciones, algoritmos y contenidos. Su tecnología se utiliza tanto para proteger la reputación de organizaciones como para transformar la forma en que entendemos el lenguaje, las imágenes y la representación en entornos digitales.
Consultada sobre el rol de la IA en la construcción de una comunicación más justa y diversa, su fundadora y CEO, María José Martabit, señala:
“La inteligencia artificial no es neutral. Aprende del pasado y, si no la intervenimos, lo replica. En Theodora creemos que la IA puede ser una fuerza de justicia cultural, pero solo si se diseña con conciencia y ética.”
En esa línea, la empresa desarrolla tecnología que detecta y corrige sesgos en palabras, imágenes, campañas y decisiones, ayudando a visibilizar exclusiones normalizadas y a generar una comunicación más empática e inclusiva.
Sobre la posibilidad de establecer un sello ético para el uso responsable de IA en proyectos creativos, Martabit destaca su necesidad:
“Así como tenemos sellos de comercio justo o sustentabilidad ambiental, necesitamos una brújula ética para la inteligencia artificial, sobre todo en la economía creativa.”
Propone que este sello combine tres pilares: transparencia algorítmica, diversidad en los datos y supervisión humana. Más que una barrera, debe ser una herramienta flexible que otorgue ventajas competitivas y proyecte a Chile como referente ético en inteligencia creativa.
Respecto del impacto concreto de su tecnología, señala:
“Hemos trabajado con medios, bancos, universidades y marcas globales que nunca habían medido el sesgo en su lenguaje o decisiones estratégicas. Al aplicar nuestra tecnología, descubren que ciertos mensajes ‘neutrales’ no lo son. Esto impulsa transformaciones culturales profundas dentro de las organizaciones.”
CRTIC: Tecnología y creatividad con enfoque productivo
El Centro para la Revolución Tecnológica en Industrias Creativas (CRTIC) es una iniciativa público-privada impulsada por Corfo y liderada por la Fundación para la Revolución Tecnocreativa. Participan instituciones como Bizarro Live Entertainment, Universidad de La Frontera, Inria Chile, el Centro de Innovación UC, Screen Capital y la Corporación Regional de Santiago.
Su objetivo es conectar el I+D+i con proyectos del sector creativo, promoviendo nuevas capacidades tecnológicas que impacten la matriz productiva nacional. Desde residencias hasta alianzas internacionales, CRTIC busca acercar el potencial de la IA a artistas, productores y gestores culturales.
Esteban Ruiz-Tagle, director (s) del CRTIC, destaca la importancia de fortalecer capacidades en el sector creativo:
“Es fundamental acceder a formación sincrónica y certificada por instituciones validadas. Pero también es clave reflexionar sobre el uso estratégico de ese conocimiento. Aplicar la IA solo para generar memes no es un aporte real al sector creativo.”
En su opinión, el valor está en utilizar la tecnología para crear mejores historias, conectar con sectores tradicionales y contar con herramientas que permitan una producción más eficiente e impactante.
Entre los beneficios concretos de la IA, señala:
- En audiovisual, permite iniciar proyectos sin requerir toda la infraestructura técnica desde el comienzo.
- En diseño, agiliza procesos de iteración y validación con clientes.
- En música, potencia la co-creación entre humanos y máquinas.
- En editorial y artes escénicas, ofrece retroalimentación temprana para mejorar guiones o narrativas.
CRTIC también ofrece asesorías tecnológicas, infraestructura y rutas formativas prácticas en IA generativa.
“Quienes no se sientan preparados para aplicar la tecnología por su cuenta, pueden encontrar en CRTIC un socio para avanzar hacia un prototipo o MVP”, explica Ruiz-Tagle.
Consultado sobre el carácter del ecosistema nacional, concluye:
“Lo que distingue al sector tecnocreativo en Chile es su curiosidad. No tememos desfragmentar la tecnología para reconstruirla con nuevos usos. Como en la ciencia, primero buscamos el significado antes que la función utilitaria.”
FUTURX: Reimaginar la cultura desde la música y la IA
FUTURX es un laboratorio de I+D enfocado en la intersección entre música, tecnología y cultura digital. Con una comunidad de más de 150 personas de 20 países, promueve la exploración de herramientas como la inteligencia artificial, la web3 y nuevas economías creativas.
Nicolás Madoery, uno de sus impulsores, plantea que un sello ético sería una herramienta útil y necesaria:
“No se trata de prohibir, sino de declarar cómo se usa la IA. Proteger datos, tomar decisiones informadas y comunicarlo de forma clara genera confianza.”
Actualmente, FUTURX trabaja en el desarrollo de protocolos para el uso ético de IA en organizaciones culturales, especialmente frente a los desafíos que plantea la IA generativa.
En cuanto al aporte de la IA en la música —y la cultura en general—, Madoery identifica tres dimensiones:
- Co-creación en tiempo real, en diálogo humano-máquina y con lenguaje natural.
- Creatividad expandida, con capacidad de generar múltiples versiones de una misma obra.
- Automatización de procesos, que libera tiempo creativo y permite generar contenido de forma más eficiente.
🌐 En conjunto, estas iniciativas configuran un ecosistema diverso que dialoga con la tecnología desde la ciencia, el arte, la innovación y la ética. La pregunta ahora es: ¿cómo se articula el sector creativo con esta red de saberes y tecnologías emergentes? ¿Estamos listos para asumir un rol activo en este nuevo escenario?